martes, 7 de agosto de 2007

Bogotá Live
“Nuestra voz la repiten los siglos… Bogotá, Bogotá, Bogota…”

Son las cinco de la tarde, ningún contratiempo climático; el sol de las cinco de la tarde bordeaba la imagen del templo más sagrado del catolicismo bogotano y en sus gradas, frente a la plaza de Bolívar, aquel mítico lugar en donde los próceres y los mártires de este sufrido pero alegre país pusieron su cuota de idealismo y sangre, se encontraban ellos, los hombres y mujeres, adultos y ancianos, con trajes verde y naranja, con máscaras coloridas, sus rostros pintados y sus ganas de bailar y hacer de esta “nevera” el lugar más caluroso del país por lo menos por un día; ellos son aquellos personajes que vemos todos los días pero nunca queremos observar, todos aquellos seres humanos que han sido olvidados por esta sociedad sumida en la preocupación por el timpo, el poder y el dinero. Ellos son: los habitantes de la calle.

Las tamboras, los clarinetes y los pitos empezaban a sonar, la epifanía que se veía venir iniciaba su celestial descenso, la energía de los adulos mayores empezaba a surgir con el sonido de las cajas, la euforia se podía oler, y era ya tangible cuando llegaron los organizadores y empezaron a guiar a los artistas quienes seguían asiduamente las ordenes hasta que el momento llegó y el carnaval empezó.

La Gran Avenida, como se le llamaba antes a la carrera Séptima era el escenario, al calor de una buena compañía inicié el recorrido por las calles más históricas y emblemáticas del país, aquellas que acogieron los desastres del nueve de abril de 1948, las protestas en contra del gobierno, la entrada del profesor Moncayo y ahora, la festividad del los 469 años de la capital: Bogotá.

Muchas historias, unos cuantos cigarrillos y los ojos de aquellos curiosos delataban el furtivo trabajo del ritmo sobre sus cuerpos, cuando la caravana inició el mágico toque de esa música, que todos conocemos pero no recordamos o de la cual sólo nos acordamos cuando una parodia ayuda a re-descubrir ese mundo tan nuestro y tan atípico, algunas palmas externadistas se alzaron para iniciar los festejos a la gran Bogotá. Una o dos veces fuimos “obligados” a subirnos al andén, solo para que tomáramos aliento y volviéramos al ruedo, a esa plaza donde no hay toro ni hay “valientes” toreros, sino en aquella donde la danza y la música son las banderillas que penetran en lo hondo del espíritu y el escudo que todos tenemos en guardia, junto con la espada que blandimos en el trasegar diario, desaparecen, no hay desconocidos, sólo personas que están disfrutando de la fiesta más grande que todos los años nos abruma y nos hace sentir esa pertenencia, ese orgullo y nos recalca el honor que es nacer entre los laureles de la sociedad cachaca.

La violencia se olvida. En el mar de gente ubicada en los andenes y las olas humanas por la séptima no hay ladrones, no hay estafadores, no hay congresistas; nos convertimos, con cada paso en una masa con forma, con ritmo y con ganas de decirle a Bogotá y a todo el mundo quién manda en éste lugar, que Bogotá es la capital y que como ella no hay otra.

El cansancio es mínimo, un hombre sube en la paloma que cubría la retaguardia del ejército de artistas que llenaban la avenida e inició la labor de “Reina del Carnaval”, con pocos nervios éste sujeto bailo al ritmo de la improvisada batería, hecha con ollas como charlestons y botes de pintura como redoblantes. Esto amenizó aun más nuestro peregrinaje hasta la calle 24 –el de todos los asistentes tal vez- ya que hubo chiflidos y “piropos” a este coloso de la personalidad.

El cielo empezaba a tomar un color oscuro, dando la señal de la noche, pero nosotros teníamos un sol que alumbraba e irradiaba energía; todas las sonrisas y el seguimiento del ritmo con aplausos eran más que suficientes para iluminar toda la noche a la ciudad.

Se dejó de ver, por un momento, el regionalismo que hemos venido manejando desde hace mucho tiempo en todo el país y se vieron representaciones de muchas partes, la papayeras hicieron su aparición, la música folclórica pedía a gritos su lugar; llegamos a la calle 20 con séptima, allí hicieron su entrada triunfal los sonidos de las flautas, los redoblantes y demás instrumentos que daban el preámbulo a lo que sería el apoteósico final, para mí, de la noche.

La música nos llevaba, así como la sangre lleva al tiburón hacia su presa, pero éramos presos de tanta movilidad, de tanto relajamiento, que sólo paz y alegría albergaban todos los corazones de los presentes. Por una vez vi a mi ciudad viviendo y haciéndole caso a sus sentimientos y buscando en ellos la energía para moverse y para hablar que dilucide que la ciudad sí puede vivir aquietando su mente y escuchando la voz de sí mismos.

Muchos hicieron su agosto allí: desde la Plaza de Bolívar y la peculiar foto sobre la llama, los niños disfrutaban de una experiencia que quedaría impresa en la posteridad del álbum familiar. Otro negocio, el que más se ve en este tipo de eventos es el tradicional algodón de azúcar rosado y su inconfundible olor hacían las delicias de adultos e infantes, nunca falta tampoco, ni podría faltar, el mango con sal, limón, pimienta y otros ingredientes; el salpicón y los grandes trozos de sandía se hicieron presentes en carpas adecuadas para su venta. Y quienes tenemos el placer de fumar, nunca nos quedamos varados, siempre está el fiel amigo, el hombre cuya consigna es: “Marlboro, chicle, Marlboro”, siempre aparece en escena cuando más es necesitado, supliendo una necesidad básica para un externadista.

Eran las seis y media de la tarde y esto apenas empezaba a demostrar la grandeza que tenía; en la calle 24 con carrera séptima, la tarima para la orquesta estaba ya dispuesta, los músicos ya tenía sus instrumentos apunto de estar listos y el animador empezaba a crear la rumba desde su estrado con la verborrea característica de estos personajes.

Un cigarrillo y una charla previa con los amigos y personas muy queridas, fue el inicio del fin de este recorrido, junto con un final muy bonito: la sincopa del merengue empezó a sonar y con la mejor pareja baile, en medio de la calle, golpeando a una que otra persona en medio de las volteretas propias de tan preciado baile y así regresaría a mis aposentos, llevándome en la mente la idea de que Bogotá siempre será la capital, la maravillosa capital de este país y que siempre estaré orgulloso de decir al final del himno “Bogotá, Bogotá, Bogotá”

Gracias Bogotá y que la fuerza te acompañe mi amada y vieja amiga.

jueves, 2 de agosto de 2007

El Inicio del Fin parte VI

Mientras continuaba su caminar, una idea daba rondas esporádicas por su cabeza, sus pensamientos y sus sentimientos; mientras tanto sus cigarros se fueron agotando uno por uno. Sin sentido, no hallaba una razón para pensar y sentir lo que su corazón y su mente sentían ¿ Qué era ese mal presentimiento? ¿Por qué sentía que con cada paso su mayor miedo enfrentaría y que su desgarrador pero merecido final estaba cerca?

Una voz a los lejos, por la derecha lo llamó por su nombre, que retumbaba y cada vez era más tenue. Dió la última aspirada a su cigarrillo y comenzo a correr, sin dejar de pensar en la idea que torturaba su mente.

Corrió por tanto tiempo que se detuvo a respirar un poco, el cigarrillo continuaba su devastadora labor, consumiendo sus pulmones y su aliento poco a poco, haciendo que sus músculos titubearan por pocos segundos, entonces la voz de la pequeña seguía llamándole por su nombre y él, preocupado y ansioso por enfrentar a su nuevo enemigo, siguió corriendo hasta encontrar a la pequeña. Nunca hubiera pasado por su cabeza una idea tan cruél e infame como la que sus enemigos tenían preparada para él.

Alzó a la niña, quien se aferraba fuertmente a su cuello, luego sintió que algo había penetrado en su cuerpo, que su brazo izquierdo estaba herido y que esa niña era sólo una leal sirviente del mayor mal que azotaba su vida.

La arrojó al suelo con la fuerza que su brazo derecho le daba y le preguntó:

- ¿Quién demonios eres?
-... jajajajaja
- Vamos respónde.
-...

la niña empezó a sacar una cadena, cuyo final era una hoz, oxidada y llena de sangre; él, atónito frente a lo que había pasado veía como su presentimiento se hacia real, mientras que su espada caia al suelo y él se dejaba caer en sus rodillas, con su brazo izquierdo herido y con su valor apaciguado por una niña cuya edad no superaba los 12.

martes, 31 de julio de 2007

El Inicio del Fin Parte V

Su otro enemigo, su Abuela, lloraba inconsolablemente, como una magdalena, pero de sus ojos brotaban gotas de sangre, levantó la mirada y lo vio a él, llena de odio e ira, no tenía mucho más que perder así que seco sus lagrimas y sentencio:

- moriras aquí y ahora, vengaré la muerte de este adorado sobrino mio y moriras

dicho esto, tomo su arma, inicio una carrera directo hacía su muerte, sin pensar en lo que haría nuestro personaje; él miraba fijamente la carrera de su familiar, pensando en que la muerte no sería el castigo apropiado para ella, que debía sufrir muchísimo más, que debería llorar esas mismas lagrimas de sangre por toda la eternidad. El castigo divino estab escogido.

Llego entonces la abuela al punto cumbre de su carrera, saltó. Él con un rápido giro, la esquivó, golpeó entonces su nuca dejandola inmóvil, luego levanto su pesado cuero y la hizo ver la sangirenta escena que sucederia acontinuación.

Los dos enemigos a muerte, que una vez fuesen amigos, se miraban fijamente, y en un rápido parpadeo terminó la conversación que sus ojos habían iniciado, él desenvaino la espada que parecia más la oz que carga la muerte, todavía manchada de sangre, de la sangre de sus fantasmas pasados; por otro lado su contrincante dejaba colgar uno de los extremos del nunchako y paciente espero el momento para asestar el golpe, como en los tiempos de antaño; mientras recordaba sus aventuras pasaas, sus pláticas acerca de las mujeres y el motivo por el cual se habían vuelto enmigos, una mujer. Depronto agito el nunchako y lanzo el golpe; él acordandose de la mortal herida que le había sido hecha en la utima batalla que tuvieron, se agazapo, desenvaino su arma y cortó, de un sólo sablazo, las cadenas que unian esa mortífera barra; hecho esto, corto las dos piernas de su adversario, este irremediablemente cayo al suelo sobre sus rodillas, no obstante con esto, corto su vientre, con un tajo perfecto, impecable, lo arrastró entonces hasta un prudente distancia de su anterior víctima, y dijó:

- lamentaras toda la eternidad no haber creido en mí, el hacerme ver menos que los demás, y este sera tu castigo, un castigo enviado por los dioses, yo sólo lo estoy haciendo realidad

entonces la abuela atonita frente a lo que eschuchaba, presto atención a la siguiente imagen.
Él, tomó por el pelo a su enemigo, lo levanto hasta que vió su cuello y entonces el fatal corte fue hecho, su sangre corria a borbotones y, la primera oleada de tres, cayo sobre la cara de la abuela, entonces sus lagrimas se volvieron otra vez cristalinas y saladas y el cuerpo yacía inmóvil delante de ella, parecía un cuadro infernal. Era un cuadro infernal. El hombre muerto, recostado en un suelo frío y subyugador, la abuela deconsolada tenía tras de ella también el cuerpo de su sobrino. Ojála los dioses me perdonen por ese castigo tan infernal que le he dado a esta pobre mujer, morir le hubiese resultado más conveniente, pensó, mientas con el pañuelo limpiaba la sangre impregnada en la espada. La envaino y prosiguio con su caminar.
El Inicio Del Fin Parte IV

Seguia vagando por la oscurida, siempre hacia el frente, sin mirar a su alredor, pensando en aquella silueta que había visto, en los tulípanes negros, en la paz que sintió su corazón en medio de ese lacónico pero alegre lapso de tiempo; sostenia firmemente su arma mientras pensaba que iba a ser de él cuando saliera de ese lugar, pero ¿Por qué había entrado allí? ¿Qué lo había forzado a traspaar de la luz hacía la oscuridad? ¿Estaría en su periodo de agónia, estaría en un profundo sueño del cual queria y a la vez no despertar? Las respuestas a esto, las encontraría más adelante.

Fue entonces cuando de la nada escucho un grito, el eco retumbaba por todo el lugar, haciendolo más aterrador y lúgubre de lo que ya era. Ese grito, fue lo único que le infundio temor pero aún así, se dedico a buscar el sonido que ya, por el paso de los segundos, se había esfumado, como si quien gritase estuviese en una parte donde el sonido fluye más no atraviesa las paredes o el lugar donde estuviese encerrado; se disponía a correr cuando un voz en lo profundo de su ser le decia que no fuer hacía allá, que de hacerlo moriria sin poder hacer nada.Empezó a correr.

No se por cuanto tiempo corrió, pero unos pocos metros le habían parcido kilómetros, sabía que el peso de el humo en sus pulmones había empezado a hacer su devastador trabajo, el cansancio era insoportable, pensó en desplomarse pero su cuerpo no le respondía, era como si estuviese siendo controlado por alguien, como si estuviese siendo absorbido, como si su vida le estuviese siendo arrebatada por algo o alguien, inconfundiblemente de su pasado, algo con lo cual la lucha había sido sin cuartel pero en la que, despues de batallar con vigor y fuerza, había podido derrotar, el temor a los demas, el miedo a ser como era y a despertar en él todo lo que nunca había podido gracias a estas tres sombras, un tío, su abuela y su peor enemigo, recordando esto, pudo volver a la normalidad, el cuerpo ya no le pesaba y sentía de nuevo el calor de la vida y por unos segundos vio que tan delgada es la línea entre esta y el sueño eterno de la muerte; cuando pensabá en esto, frente a el aparecieron; sintió entonces la mirada fija de ellos sobre él y así mismo el la fijo sobre ellos, despues iniciaron una conversación que no duraría mucho:

- ¿Qué haces aquí?
- lo mismo que ustedes- respondió en tono apacible pero desafiante y antes de que pudiran seguir asediandolo con preguntas vacias y de poco interés para él arremetió
-¿Qué le han hecho a quíen grito desesperadamente?
-...
-respondan de una vez condenados
- le hemos asesinado - dijo su tío
- ... y a tí te pasará lo mismo - dijo su abuela en tono desafiante y tan seguro que sintió temor de atacarles.

Luego de que ambos grupos vacilaran por tan solo unos segundos, que a él le habían parecido minútos, el combate empezó.

El tío llevaba consigo un Ton-Fa, la a buela por su parte llevaba un nanigatana y su peor enemigo llevaba un par de nunchakos;el tío fue el primero.

-Yo iré primero, no demorare en hacerlo pedazos, esa espada no puede competir contra mi arma.

- No soy el mismo de antes, eso se lo aseguro

dicho esto, el tío, llevado por la ira que le producia el comentario afirmo:

- sigues siendo el mismo chiquillo infantíl de siempre, no eres capaz de alzar tu puño ante ninguno de nosotros tres

- ya lo hize una vez y, a trabas, vencí pero ahora es diferente
-...

él simplemente quitó el seguro de la espada, dobló sus rodilla, giro el torso y enseguida puso la mano encima del mango de la espada, sin tomarla de él todavía; cuando estuvo a la distancia prudente para cortar su vientre sin siquiera ser tocado por sus Ton-Fa, hubo una luz intermitente, los dos quedaron estaticos, quietos, como si el tiempo de hubiese detenido, él con la espada desenvainada, con un hilillo de sangre, apenas perceptible y su tío, con su arma apunto de atacar

- Mejoraste mucho, vencerme a mi de un solo golpe, fantástico...
- adíos maldito

despues de estas cortas palabras,él siguió adelante, sin siquiera volver su vista hacia el sujeto que yacía inmovíl tras de él, elevo su brazo e hizo un giro fuerte de su muñeca para limpiar, inapropiadamente, la sangre que había quedado impregnada en ella. Luego cuando la espada volvia a su vaina, un choro de sangre broto del cuerpo que había dejado atras, luego el cuerpo de su adversario cayo inerte en un charco de sangre ¿Quíen sigue?
El inicio del Fin parte III

Siguió corriendo hacía la luz, mientras lo hacía, empezó a preguntarse por qué había perdido a aquella mujer, sería su rabia la que lo alejo de ella, su fata de madurez para el tiempo en el que estuvo con ella o más bien seria ese destino cruel, el karma que debía sobrellevar y que hasta ahora, había lográdo sobrellevar; o sería que ella, debido a problemas, que ahora no vale la pena comentar, habia pensado que no era suficiente mujer para él. No sabía ninguna de las respuestas a sus cuestiones, nisiqueria averiguarlas por ahora, cruzó la luz y se vió a puertas de un gran jardín, con un pasto verde, pero lleno de tulípanes negros, un ámbiente tan sumamente...inexplicable tal véz. Empezó a caminar lentamente.

El aroma de las flores era bellísimo, pero también se podía sentir la muerte en cada paso, con cada latído se sentía más y más el dulce y mortal toque de hypnos ( quien daba la muerte a los humanos, de forma no trágica, en la mitología griega), cuando de la nada apareció una silueta que cada vez se acercaba más hacia donde él se encontraba, le tocó el rosro y le dijo:

-¿Por qué te haces tantas preguntas?
- no lo se, ellas... sólo llegan a mi
- por qué crees que no mereces nada, que tu karma es el eterno sufrimiento por amor, o más bien, por una mujer
- las circunstancias me lo han hecho creer así
- creeme que no es así, tu karma no es aquel que presumes.
- ¿por qué lo dices?
- es... la voluntad de los dioses que no sea así, sólo te estabamos probando
- ¿cómo?
- así como lo oyes.
- pero...
- no hay peros, ahora sólo sigue tu camino hasta el final de este oscuro laberinto y volveras al mundo de los humanos con una fuerza y un entendimiento superior al de cualquier ser
- ¿quíen eres?
- sólo soy una amiga que hace mucho no recuerdas, pero ahora me empezaras a rocordar y de cómo eramos en los tiempos de antaño...

Dicho esto, su silueta se alejó y el jardín empezo a desaparecer frente a sus ojos, carente de todo sentido, de toda verdad absoluta que él hubiese conocido. volvió al mundo obscuro.

Encendió un cigarrillo y empezo a fumar. despues de un largo tiempo volvió a caminar preguntandose quíen era aquella amiga del pasado que no recordaba.
El inicio del fin parte II

Vagando por la oscuridad, pensaba en sus amores, en lo toruoso que había sido para él la vida con las mujeres; recordó entonces a su primera novia, una mujer sin prejuicios religiosos, quien la había entregado su corazón una vez y del cual fue poseedor dos largos y hermosos meses; pero que un día, traicionado por su subconciente y su genio, termino botandola, desechandola e hiriendola en la más profundo de su ser, entonces de repente apreció ella, atónito frente a su llegada, la saludo,ella hizo lo mismo y empezaron a charlar.

- ¿Cómo has estado?
- Bien
- ¿Qué has hecho en estos años, me has recordado en algún momento, así sea vagamente?
-No, sólo puedo recordar todo el daño que me hiciste, no logro olvidar esas palabras que dijiste una vez por el chat; "fue bueno mientras duro"
-........
- ¿No piensas responder nada?

Siguió en silencio. Se levanto, le dio la espalda y continuo su caminar pero antes de dar un paso, vio que su cuerpo no respondia,estaba inmóvil, ni un músculo era posible de mover. Empezó a enfurecerce.

- Dejame
- No lo haré, vagaras aquí por el mal que me causaste, tendras que matarme si quieres salir de aquí
- No puedo hacerlo
- Jajaja, sigues siendo el mismo débil de siempre

al escuchar estas palabas supó entonces que no era su mujer, la que tanto había amado. De un momento a otro, su cuerpo empezaba a responder y entonces desenvaino la espada y lanzó el sablazo. Antes de cortar su cabeza se detuvo, justo a unos pocos centímetros de su cuello.

- ¿Qué pasa?, no eres capaz ¿verdad?
- No es eso, es que si hago esto dejare de recordarte y eso no lo quiero hacer
- jajaja, ridículo, yo ya te he olvidado.

Finalmente, golpeó sus piernas, ella cayó rápidamente al suelo sobre sus rodillas, prosiguio con el mortal acto, levanto su arma, la baño con un poco de alcohol etílico que tenía en su poder y le dijo
- moriras como alguien a quien amé demasiado pero que ahora odio con toda el alma, más no significa que debas perder tu honor
- Sigues con tus maricadas, el mundo ya no es así, el honor esta perdido, todos esos ideales por los que tanto luchaste se han perdido....
- no es así, hasta que yo muera no estarán perdidos ó no el todo
- adíos mujer

levanto su espada tanto como sus brazos se lo permitian y los dejo caer con fuerza, como si no quisiera hacerlo, como si no estuviera dispuesto a olvidar su recuerdo, como si lametara, por primera vez, la muerte de alguíen, como si hubiese un conflicto entre su corzón y su alma.

Oprimió la espada sobre su pecho, marcandolo con la sangre que todavía no dejaba de brotar del cuello del cadaver, luego, vío una especie de luz, volvio a ponerse su camisa, limpió la espada con el pañuelo de ella, lo dejo reposar en el cuerpo sin vida de su amda mujer; envaino la espada y corrió deprisa hacía la luz, desconfiando porsupuesto de esta, pero sabía que no tenía más opción que dirigirse hacia allá.
El inicio del fin parte I
Era de madrugada, la oscuridad lo cubría todo, sólo se podían ver escasas cosas. Casi nada con importancia. Decidió entonces ir en dirección hacia la oscuridad, hacia aquel lugar donde los más profundos temores se vulven realidad, donde aquello que guardamos y conocemos como "vida secreta" se descubre para hacernos ver cuanto mal hemos hecho, cuan hipócritas hemos sido, no sólo con los demas, sino también con nosotros mismos. Sigué caminando.

Vagamente viene a mí el recuerdo de las batallas pasadas, de las incontables muertes violentas que propiné y de las cuales no me arrepiento, de mi falta de fe en alguien supremo, me rio, sólo para despues velver a fruncir el ceño, sacar un buen cigarro de su empaque y empezar a inhalar su humo, su delicioso y mortal humo; entonces inició la ignición del chicote sin filtro, cerró sus ojos como quien estuviese respirando el más puro aire. Luego despues de una larga aspirada, abre de nuevo sus ojos y, acto seguido, exhala, lo hace de una manera lacónica, espera que salga por su nariz y luego lo bota por la boca y en un gesto de irreverencia y placer, que siempre lo han caracterizado dice:

- esta bueno-.

No sé cuanto a caminado, ni por cuanto tiempo, sólo se que a vagado, con él sólo esta un encendedor, unos cigarros y su espada. El resto, nimiedades.

Encuentra a su paso, las lacras que otros han acumulado en sus vidas y, que en algún tiempo, como él, cruzacen este vasto lugar pero fueran arrollados por los fantasmas de su pasado, obligados a estar retenidos en esta especie de "dimensión" por su pasado ¿Sucedera lo mismo conmigo?


Entonces escuchó un sonido, como si algo se moviera entre las sombras. Paró, desenvaino lentamente la espada y vió a su primer enemigo, su nombre era Diego, alguien con quien en su adolescencia tuviese problemas:

- Aquí moriras y vagaras eternamente por todo lo que me has odiado y yo te he odiado
- no lo creo
- basta de palabras vacías, empecemos

Diego, con una lanza corrió hacía él. Tomó la lanza, la pica de ésta apunta directamente al cuello, despues empezó él a correr,mantenía la espada bajo su cadera, paró y entonces espero a su contrincante; cuando esté llegó, un sólo movimiento dió a luz un baño de sangre, la lanza esta rota, cortada; el cuerp de Diego, si poder hacer mucho, intento girar y darme una mirada de odio y rencor pero no pudo, la rápidez y precisión de los cortes eran supremas, infalibles. Los cortes estaban realizados, no en linea recta, eran curvos para garantizar un tajo más profundo, el primero fue en su abdomen, de ahí empezo a derramar sangre, luego su hombro fue arollado junto con su clavicula y despues un corte en el cuello, la unión carotida yugular fue totalmente destruida e irremediablemente murió a los pocos minutos de iniciada la pelea.

Limpió con un pañuelo barato la sangre impregnada en la espada, sonrió frentre al cadaver y dijó :

- lo merecias muchísimo idiota, ojala tu cuerpo se queme en las prisiones del infierno y jamás, si existe la reencarnación, estes al lado de alguien preciado para mí.

Acto seguido escupío en el rostro de Diego, sin tener respeto por su cuerpo deshollado y lo pateó con furia y ganas rompiendo a lo sumo dos o tres costillas. Siguió caminando.

Nuestra voz la repiten los siglos...

El caos de Bogotá era inimaginable hace poco más de una década, cuando el poder capitalino lo tomó la izquierda. La otrora "Athenas ...